Iban por el parque impulsados por una especie de fuerza
mágica, de impulso casi inconsciente.
Ella sumida en sus pensamientos, él tripulando la nave que
lo llevaba a descubrir el mundo.
El lago parecía observarlos inocuo, como si todo lo supiera
y nada le importara.
Los sauces, acariciados por la brisa del otoño, peinaban las
ideas que una a una iban sucediéndose en la mente de aquellos pasajeros de
efímera existencia.
¿Porque en el
cochecito? ¡No tía no! Siempre lo mismo…no se da cuenta que no me gusta el
cochecito… ¿ves todo el trabajo que te da meterme acá? Y esos cintos horribles
que me atas...¡sacame tía! ¡sacame! Y acá estoy otra vez cansado de agitar los
brazos y gritar hasta quedarme rojo… sé que si lo hago durante más de tres
minutos cuarenta segundos me lleva a upa...es eso…solo tengo que aguantar gritar
hasta que pasemos el lago y deja el cochecito y me upa... ¡Ahí no…me cansé...otra
vez me ganó! Ella y su pedagogía...que no vea la tele, que no juegue con la tablet,
que no esto, que no lo otro, me agita macaquitos de colores y cuando me aburro
me sienta en el coche y me lleva al parque...así es mi tía, pero es linda
cuando el viento le vuela el pelo y me divierto mucho cuando me explica cómo
funciona el mundo... como si yo no lo supiera... si lo que ella no sabe es que
yo ya lo sé todo, el único problema es que no se hablar y cuando aprenda todo
lo que ahora se, se me va a olvidar…
Dedicado con amor a mi sobrino Alfonso

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